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    ORURO, 27 DE OCTUBRE DE 2020

El ajayu: Susto o mal de espanto


Estela Llanque Ferrufino
EL FULGOR.com
ORURO
28 de julio de 2019

timer 5 min. 21 seg.




“El Curandero Zapana” óleo sobre tela de Francisco Ramoneda: Portada del Texto denominado “La Cura de la Angustia en la Cosmovisión Andina” de Diana Braceras

Muchos cronistas consideran que los Incas tenían la creencia que todas sus enfermedades y desgracias se originaban en los pecados que ellos o sus antepasados habían cometido. Guamán Poma de Ayala (1614) describe un sinfín de procedimientos empleados para la cura de los mismos, siendo los hechiceros los encargados de poner fin a estas dolencias y se tenían a: los hechiceros de sueños que interpretaban la enfermedad  según el relato de los sueños del enfermo; los hechiceros del fuego hacían pronóstico de la enfermedad inspirándose en las contorsiones del fuego y sabiendo interpretar su lenguaje.

Por su parte, el autor Juárez Fernández (1997) denomina al yatiri como “el que sabe”, cuya especialidad es la lectura de las hojas de coca como elemento de consulta y diagnóstico mediante el cual es capaz de aventurar predicciones diversas sobre los problemas que le son consultados; otorga un formato narrativo coherente y preciso mediante las hojas de coca al conflicto que el paciente le expone. Son quienes hacen tomar conciencia al enfermo de sus afecciones y le informan la causa  y mediante un ritual  se convoca a la Pachamama para la curación, combinando su saber de célebres herboláreos portadores de medicina, con el poder de los amuletos y conjuros relacionados con la magia.

Existen un sinfín de enfermedades presentes en la cosmovisión andina y que sólo estos personajes son capaces de “curar”, el que es de nuestro interés en esta ocasión pertenece a la categoría de la alteración de los estados anímicos por trauma denominado “susto”, según  la doctora Diana Braceras (2018), en su texto “La cura de la Angustia en la Cosmovisión Andina”, refleja aspectos que conllevan al “susto” entendiéndola como aquel estado morboso de sobresalto, miedo, terror o angustia que revela excesiva tensión: el susto o mal de espanto es el causante de la pérdida temporaria del alma o de su evasión, en donde el espíritu abandona el cuerpo y se dice que “vaga” por la zona donde ocurrió el hecho accidental, hasta su recuperación o “retorno”, si la persona no interpreta esta enfermedad por desconocimiento quedará afectada dentro  un estado especial de enajenación mental, su tratamiento por lo tanto consiste en el llamado del “ánimo”.

En la tradición andina, todas las personas, los animales y las plantas, incluso la lluvia, los ríos y las montañas, poseen una energía vital denominada alma o ajayu, cuando ocurre la pérdida del ajayu por el susto hay enfermedad, decadencia o sobreviene la muerte.

La enfermedad del susto o espanto se hace evidente en los niños pequeños ya sea por una caída, o cuando están en sitios no conocidos, en las personas adultas se presenta por emociones violentas, situaciones de miedo o terror.

Yatiris ubicados en las calles Junin y Velasco Galvarro

El llamado del ánimo varía en los niños y en adultos, siendo en el primer caso el curandero quien se coloca a sus espaldas, lo llama por su nombre y apellido y se sopla la fontanela, también se faja el torso, y se traslada con una prenda del niño que lo representa (generalmente la gorrita) hasta el lugar donde contrajo la afección, luego regresa llamándolo por su nombre en voz alta de trecho en trecho y coloca la prenda utilizada en contacto con el paciente. En los adultos se procede de manera semejante con la asistencia del enfermo en el lugar del susto, en la habitación del paciente, el curandero hace entrega simbólica del ánimo, aplicando los labios en la parte superior de la cabeza, devolviendo la prenda utilizada para que el alma, reconociendo algo familiar, retorne al cuerpo. Cabe recalcar que cada curandero posee técnicas propias, sin embargo muchos de ellos coinciden en que se debe sahumar al enfermo con copal, romero e incienso, aventando luego a los cuatro vientos trazando una  cruz en la frente del paciente con las cenizas de este sahumerio, de regreso a la vivienda  acompañado por el paciente o portando sus prendas se invita al espíritu a seguir la comitiva teniendo prohibido volver la cabeza atrás por ningún motivo.

También se recomienda que para prevenir el agravamiento y la aparición de síntomas de este mal, se debe comer un pedazo de tierra al instante en que se cometió el susto.

Muchas personas consideran como síntomas del susto o mal de espanto a la: ausencia de apetito, fiebre, náuseas, diarrea, sensibilidad extrema al frío, al calor y la luz solar, escalofrío, decaimiento general, depresión, anemia, palpitaciones, sueño intranquilo, dolor de cabeza y dolor de huesos.

Se cree que el susto no curado a tiempo provoca estados temporarios o definitivos de locura y puede incluso acarrear la muerte debido a la debilidad del paciente a causa de problemas gastrointestinales, pérdida total de apetito y deshidratación general del organismo.

El diagnóstico de la enfermedad del susto, usualmente lo identifican aquellas personas que ya tuvieron alguna experiencia similar en otros casos acuden donde los yatiris o  personas que se dedican a adivinar, en nuestra ciudad de Oruro, usualmente los encontramos en las calles Junín y Velasco Galvarro y también por el sector del Cementerio General sentados esperando por las inquietudes de las personas.

Lectura de la suerte por parte de los Yatiris en la ciudad de Oruro









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