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    ORURO, 21 DE OCTUBRE DE 2020

CAPUZ CULTURAL

21 de julio, y la inmolación de un Presidente


Maurice Cazorla Murillo
EL FULGOR.com
ORURO
21 de julio de 2019

timer 6 min. 18 seg.




El presidente Villarroel colgado de un farol de la Plaza Murillo

Un domingo 21 de julio de 1946, es una fecha en la historia de Bolivia que nuestra actual generación ignora por completo. Aquella imagen fue reproducida en periódicos, impresos y hasta libros gráficos, y muestra morbosamente la imagen de un Presidente colgado de uno de los faroles de la Plaza Murillo de la ciudad de La Paz.

El Mayor Gualberto Villarroel había asumido el Gobierno derrocando al Presidente Enrique Peñaranda el 20 de diciembre de 1943. Luego de la Guerra del Chaco, un grupo de militares había conformado una logia denominada “RADEPA” (Razón de Patria), que invocaba principios nacionalistas frente a corrientes políticas que aun debatían en fuertes combates en Europa en plena segunda Guerra Mundial.

El gobierno de Villarroel conformó su gabinete con camaradas militares y políticos nóveles, pensadores salidos de las trincheras de la Guerra del Chaco, como José Tamayo, Víctor Paz Estenssoro, Gustavo Chacón, Carlos Montenegro, Augusto Céspedes; además de militares héroes de Boquerón como el Mayor Jorge Calero, Mayor Alberto Taborga y otros.

Días después, se presentaron las primeras renuncias, generando crisis en el gabinete e incorporándose otros personajes como Walter Guevara Arze y Rafael Otazo.

El manejo del aparato estatal se tornó muy complejo, RADEPA ejercía violencia con los opositores, y además los civiles del gobierno liderados por Paz Estenssoro, aprovecharon la circunstancia para perseguir a viejos rivales y atentar contra sus vidas, como el intento de asesinato del jefe del PIR, José Antonio Arce cerca a su domicilio.

Pero lo más trágico fue el resultado de revolución fallida en Oruro en noviembre de 1944, promovido por el General Ovidio Quiroga y otros militares que intentaron derrocar al régimen de Villarroel, la respuesta fue dura impulsada paradójicamente por civiles que se encargaban de organizar arrestos injustificados en el Cuartel Calama de la ciudad de La Paz.

Como represalia se ordenó el apresamiento en La Paz de eminentes ciudadanos que nada tenían que ver con el intento insurgente en Oruro: Luis Calvo, Carlos Salinas Aramayo, Félix Capriles, Rubén Terrazas y Demetrio Ramos. Y en la ciudad de Oruro, se tomaron presos a Fernando Garrón, Humberto Loayza Beltrán, Eduardo Paccieri y Miguel Brito. Se los llevaron a la Policía, lugar contiguo al edificio de la Prefectura.

El 20 de noviembre de ese año marca la historia como la más trágica, porque los primeros fueron asesinados en Chuspipata, camino a los Yungas cerca de un barranco y los arrestados en Oruro fueron sacados en la madrugada para llevarlos a la comunidad de Challacollo y luego fueron fusilados. Este último caso, fue resultado de una serie de comunicaciones telegráficas entre La Paz y la Prefectura, en el cual se “ordenaba” proceder con la ejecución.

Los que lograron evadirse de la persecución, llegaron a la población fronteriza de Caquena con Chile. Francisco Barrero, con un grupo de uniformados invadió territorio extranjero y tomó presos a los evadidos y en extrañas circunstancias atribuidas al suicidio aparece muerto Melitón Brito, aunque los testigos atribuyen a un vil asesinato.

Todos estos antecedentes generaron consternación en la población y en el mes de julio de 1946, se generaron intentos de conspiración contra el Gobierno. Se presentan manifestaciones como la de los maestros el 10 de julio y en el Prado de La Paz se produce un choque violento con ráfagas de ametralladora en la que cae muerto el estudiante Bengel Camberos; la policía secuestra el cadáver.

Sus camaradas estudiantes organizan un sepelio simbólico. Roberto Hinojosa, periodista afín al Gobierno afirma que él fallecido era un agente secreto que cumplía funciones. El 17 y 18 de julio continuó la violencia. El 19 es una fecha importante, porque los ministros del MNR dejan el Gobierno, ellos fueron acusados de perseguir y ordenar el fusilamiento de ciudadanos que nada tenían que ver con lo ocurrido en Oruro en noviembre de 1944.

Gualberto Villarroel López

Villarroel llama a la gente del MNR y se presenta Víctor Paz Estenssoro, acompañado de Alfonso Finot. El Presidente les dijo textualmente: “No es posible que el Ejército siga llevando responsabilidades que no le corresponden”; luego de ello, Paz Estenssoro el día sábado 20 redactó su renuncia, en la madrugada del 21 solicitó una movilidad para poder salir a un lugar seguro, pero los militares le negaron apoyo.

Paz Estenssoro sintió que los militares lo traicionaban. Junto a Monroy Block e Israel Camacho se trasladaron a la central de teléfonos ubicada en el edificio de la municipalidad de La Paz, decidiendo cortar las comunicaciones del Palacio de Gobierno. Y así lo hicieron, dejando las puertas de la municipalidad abiertas, sabiendo que el pueblo entraría horas más tarde para sacar el armamento con el que atacarían el Palacio, dejado inexplicablemente por el Frente Nacionalista Antifascista.

Esa fue la traición de quien debió apoyarlo hasta el final y decidió huir dejando incomunicado al Presidente y pedir resguardo a otras unidades. Año después de 1952 el MNR hipócritamente lo ensalzaba como el presidente “Mártir”.

La primera víctima de esa jornada era Max Toledo colgado en San Pedro. Ese día el pueblo tomó la plaza Murillo, para luego entrar al Palacio, asesinando al Presidente Villarroel, a su edecán ejemplo de lealtad Waldo Ballivian y su secretario Luis Uría de la Oliva. Los demás militares de la logia RADEPA lo dejaron solo, ya que habían salido de palacio con el pretexto que buscarían “refuerzos”.

El pueblo de La Paz no se conformó, días después la multitud ingresó al Penal de San Pedro y lograron encontrar a Jorge Eguino y José Escobar para colgarlos en la plaza Murillo. Eguino logró vivir un poco más de tiempo, respondiendo a la muchedumbre que lo acusaba de los asesinatos del 20 de noviembre, una Coca Cola alcanzada por alguien fue lo último que bebió, luego fue colgado.

Muy cerca de allí colgaba el cuerpo del teniente Luis Oblitas quien fuera de sí había amenazado al presidente provisorio Tomas Monje Gutiérrez, asesinado por el único que peleó en ambos ejércitos enemigos en la Guerra del Chaco, Carlos Meyer Aragón.

Ese fue el resultado de una muchedumbre violenta, movida sin liderazgo aparente, pero entre bambalinas, el Frente Nacionalista Antifascista o la oligarquía minera liderada por Aramayo. Así fue la jornada más trágica y sangrienta que debe ser recordada, dejando de lado la morbosidad y solo apelando a la reflexión histórica.

 





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