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    ORURO, 16 DE JULIO DE 2019

CAPUZ CULTURAL

¡Y llegó el invierno…!

ORURO | Maurice Cazorla Murillo | EL FULGOR.com | 07 de julio de 2019

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Tradicionales buñuelos acompañados con el Api orureño

Es una característica de nuestra región el frío invernal, que trae consigo bajas temperaturas y como consecuencia resfriados. Sin embargo, que conozcamos, nadie se animó a escribir unas líneas sobre este nuestro frío, que más allá de ser de la temporada, trae consigo un bagaje cultural, que poco a poco va desapareciendo.

Recordemos, que en la Fiesta de San Juan, se encendían fogatas en los patios de las casas, en aquellas donde cada construcción siempre tenía un espacio abierto. El jefe de familia, se encargaba de conseguir la leña y alimentada el fuego con algunos muebles viejos y cosas de madera que había que deshacerse en la casa.

La emoción comenzaba temprano, no existía en ese tiempo la “salchicha”, había el sucumbé elaborado con leche y singani, además de un poco de coco. Las madres o las abuelas desde la tarde preparaban la deliciosa bebida. Los niños y niñas, buscaban las maderas entre cajones de manzanas, palos de escoba y otros materiales para la fogata familiar.

Los cohetes que apenas emitían un agudo silbido era la única característica de aquella añeja fiesta. Cuando la fogata se encontraba en su esplendor, la abuela pedía que de los periódicos se corten imágenes de casas o autos, se envuelvan en azúcar y se pongan en la fogata, como una ilusión para que el Santo Patrono San Juan, nos provea hasta la próxima fogata patronal.

En ese tiempo, no se celebraba el Año Nuevo Aymara – Amazónico, que es el producto de un entusiasmo antropológico y no de un proceso ancestral. Ya no debemos quemar, por cuidar nuestro ambiente, pero paradójicamente, en esta fiesta ritual de Año Nuevo Aymara, se ofrecen mesas y las mismas acompañadas de fuego, parece contradictorio.

Por otro lado, encontramos en nuestra ciudad en esta estación invernal, algunos elementos que de repente no damos importancia. En la puerta del Mercado Campero, aún se vende la “tayacha”, que solo se consigue en invierno, las preferidas son las de pito. Son muy agradables y es parte de la riqueza gastronómica poco difundida.

En los mercados, a primeras horas de la mañana, se encuentra el infaltable P’osko api, o sencillamente el “Api”, acompañado de buñuelos del tamaño de un “sombrero” como decía nuestro finado amigo Tito Arandia, o pasteles que la casera nos vende con queso, completamente imperceptible apenas identificable en esa masa a modo de empanada. Esta tradición es muy antigua en Oruro, la bebida a base de maíz morado, se transmitió de generación en generación de época muy añeja y se constituye como un patrimonio local por las características de su expendio.

Por otro lado, el mismo frío, nos obliga a desempolvar aquellas viejas vestiduras que nos cobijan y nos generan calor y que difícilmente nos deshacemos: chompas, medias de K’ayto y los tradicionales buzos de lana, ahora ya desaparecidos porque las abuelas que los tejían se extinguieron, para consuelo de quienes mantienen la moda y la ropa sintética.

Los p’ullus son otro elemento importante que se colocan en el lecho para tener una agradable noche en el descanso diario.

Amanecer orureño en época invernal

El frío, viendo desde un punto de vista cultural, se convierte en nuestra característica, particularmente de quienes preferimos quedarnos en la ciudad frente a quienes deciden la estadía por un clima más benigno. El frío, podemos colegir, que puede ser un atractivo turístico, que si bien no es similar al frío glacial de Europa cuyo indicador baja hasta los 30 grados bajo cero, apenas en Oruro se registran los 15 grados bajo cero, aun así, nos obliga a caminar, a realizar ejercicio o bien quedarnos en cama y degustar un agradable chocolate en la cama.

Cada cual asumirá el frío como llegue a su hogar, yo prefiero el que me enseñaron las abuelas y que aún es tradición. Cada invierno se espera con ansia, que por lo menos cayera una nevada, convirtiéndose en un acontecimiento, como señal que el frío se pasará.

Así pasamos en Oruro, sin envidiar a otros lares, pese a los resfriados, no se tienen otras enfermedades. Tal vez algún día el frío de Oruro pueda convertirse en un atractivo turístico, porque acá lo disfrutamos y nos toca compartirlo.

 


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