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    ORURO, 27 DE OCTUBRE DE 2020

EDITORIAL

Feminicidios alarman al país





23 de junio de 2019

timer 3 min. 24 seg.




El alto número de casos de feminicidios que se reportan en Bolivia, alarman a la población en general, que se pregunta sobre las causas que llevan a los varones a terminar con la vida de sus parejas, mientras que el gobierno estudia una declaratoria de “alerta nacional”.

Según reporte oficiales, hasta este mes de junio se produjeron 60 feminicidios cifra considerada como muy alta y que sitúa a Bolivia entre los países con más altos niveles de maltrato hacia las mujeres.

A la luz de los acontecimientos parece que de nada sirvieron las leyes aprobadas para proteger a las mujeres del maltrato como la signada con el número 348, ley para Integral para Garantizar a las Mujeres una Vida Libre de Violencia, que, ante la cruel realidad, parece quedar tan sólo en un enunciado teórico.

El departamento de La Paz, encabeza la lista con 20 feminicidios, seguido de Cochabamba con 14 y Santa Cruz, con 8, mientras que Oruro, Beni y Tarija, registraron cuatro, Potosí, tres, Pando con dos y Chuquisaca con uno.

El maltrato a las mujeres no es nuevo, tiene larga data y según algunos estudios tiene su origen en el machismo que considera a la mujer destinada sólo a unos pocos roles, como ser ama de casa, madre y cuidar a los hijos.

Un informe del Instituto Nacional de Estadística (INE), da cuenta que siete de 10 mujeres casadas o que hacen vida en común declararon haber sufrido violencia por parte de su pareja. La violencia es mayor en el caso de las mujeres divorciadas o separadas de su pareja.

La violencia contra las mujeres no sólo es física sino también psicológica y sexual, lo que deja huellas difíciles de borrar por el resto de la vida. Los motivos que esgrimen los varones para justificar esta violencia es que su pareja, sale mucho, pasa mucho tiempo en el trabajo, o tiene muchas amigas.

Estas justificaciones no hacen sino reforzar la idea del machismo enraizado en la mayoría de los hombres bolivianos que no aceptan a su pareja, asumiendo roles independientes y autónomos, como un ser la toma de sus propias decisiones.

Parece que prima aún el concepto de que los problemas se deben resolver a través de la violencia que, por ejemplo, ejercen los padres hacia sus hijos, algunos maestros con sus alumnos y los conglomerados sociales que utilizan el bloqueo, la marcha, las agresiones físicas, en busca de soluciones a sus demandas.

A esto se suma la lógica de nuestros gobernantes que creen que, aprobando leyes en la Asamblea Legislativa Plurinacional, se solucionan los problemas. Nada más falso ya que baste citar las leyes de protección a la mujer, niña y adolescente y la norma para regular el consumo de bebidas alcohólicas, que no han tenido resultado alguno.

Los espacios públicos continúan siendo cantinas al aire libre donde se reúnen especialmente jóvenes para consumir bebidas alcohólicas y las autoridades se hacen las desentendidas cuando se trata del excesivo consumo de alcohol en las festividades religiosas conocidas como prestes.

Ante este triste panorama, el gobierno anuncia la declaratoria de “alerta nacional” mientras que las autoridades del Poder Judicial, proponen un encuentro nacional para analizar la problemática y perfilar políticas de prevención, que, seguramente pasarán por la aprobación de otras leyes insulsas.

El problema de fondo tiene que ver con la educación que comienza en el hogar, continúa en el colegio, los centros de enseñanza superior o el trabajo, los esfuerzos deben dirigirse hacia inculcar entre los educandos y la población en general, una cultura de y para la paz.

 









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